lunes, 20 de febrero de 2017

UNA MUJER SIGNIFICATIVA EN MI VIDA


Mi referente personal no puede ser otra que mi madre, cuyo cariño y entrega a toda la extensa familia la convierten en un faro compartido. Pero siento un poco de pudor al expresar públicamente aspectos de su vida que arrastran consigo tantas emociones.
Por eso, voy a hablar de Carmen Mexía, mi profesora de Arte en COU. Han pasado más de 40 años y sigo intentando dedicarme a la misma profesión, aunque en el campo de la literatura, con la misma capacidad, pasión y entrega hacia su alumnado que ella poseía… y creo que todavía no lo he conseguido.
Evidentemente era una enamorada del arte y en una de las visitas que realizamos para conocer el prerrománico ovetense acabó invitándonos a todo el grupo a merendar. Para agradecerle de algún modo su generosidad, le compramos una docena de pasteles y, al recibirlos, nos sorprendió confesándonos que era una monja en uno de los barrios más desfavorecidos de Oviedo y en el que, por aquel entonces, todavía existía un poblado de chabolas. A quienes vivían en una de ellas fueron a parar directamente esos pasteles.
Nuestra relación personal se afianzó cuando, una mañana en la que llegó a clase con una cara muy cansada me confesó que había estado toda la noche intentando encontrar un cobijo para esas personas que vivían en las chabolas pues las lluvias torrenciales las habían inundado. Su clase de Arte, como siempre, fue magnífica. Para calificar su clase de vida sigo sin encontrar palabras.

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