Frente al dicho tradicional, no nacemos “con un pan
bajo el brazo” sino que llegamos a este mundo, mujeres y hombres, con unos
estereotipos de género bien marcados. Incluso antes de salir del vientre
materno, nuestra habitación, nuestra ropa o los mismos pañales ya son rosas o
azules. Desarrollamos nuestra infancia bajo el peso abrumador de estos dos
colores y solo es necesario ojear los catálogos de juguetes en Navidad para
percibir esta clara distinción. Precisamente la campaña de Audi
#CambiemosElJuego giraba en torno a esta idea que estamos planteando con el fin
de subvertirla.
En ocasiones, esa marca de género a través del color
queda camuflada baja una forma sutil de igualdad: por ejemplo, en el último
anuncio de las galletas “Príncipe” la princesa ya no quiere ser salvada por el
príncipe sino que ella misma toma la espada para luchar contra el dragón… pero,
eso sí, la princesa va vestida de rosa y la parte superior del traje del
príncipe (con capa incluida) es de color azul.
Ya no es solo nuestra primera bici, o los cuentos en
los que aprendimos a leer, sino que esta voraz economía capitalista está
generando productos sexualizados hasta extremos ridículamente inconcebibles,
como muy bien parodió Ellen Degeneres en su programa con respecto al bolígrafo
BIC para mujeres… más caro que el fabricado para los hombres.
En estos momentos, mucha de la ropa que se fabrica
para la infancia une a esa marca de color que ya hemos comentado palabras o
expresiones que siguen incidiendo en el estereotipo de género, como muy
acertadamente observó esta niña de tan solo 8 años.
Hay toda una industria que no solo fabrica productos
sino que también crea ideologías sexistas que ahondan en los estereotipos de
género a través de la publicidad. Esas campañas buscan la igualdad entre los
sexos, pero en los aspectos más dañinos que hemos sufrido las mujeres durante
décadas, la cosificación del cuerpo y su fragmentación: ahora nos siguen
bombardeando con imágenes en las que aparecen distintas partes del cuerpo femenino,
pero ya es habitual ver los marcados abdominales o pectorales de los hombres.
Pero no es solo la imagen sino que también en la voz
podemos apreciar esa diferencia entre los sexos: generalmente, las mujeres
expresan emociones mientras que los hombres son los que exponen las
características del producto.
En los informativos televisivos volvemos a
encontrarnos con esa aparente igualdad entre los sexos puesto que habitualmente
están presentados por una pareja mixta: él, un hombre maduro, con una imagen
común; ella, una joven de físico muy atrayente.
La base para una profunda transformación social
radica en la educación. Pero, ¿qué sucede en nuestros institutos? Sirva como
ejemplo el centro en el que yo trabajo donde ofertamos un Ciclo Formativo de
Imagen Personal (Peluquería y Estética): más del 90% de las inscritas son
mujeres. Esa misma cifra, o incluso mayor, se invierte en el instituto de al
lado con el Ciclo de Automoción. Y sin ser porcentajes tan abrumadoramente
abismales, sí nos encontramos a una mayoría aplastante de chicas en el
Bachillerato de Humanidades o Ciencias de la Salud, un cierto equilibrio en el
de Sociales, y muchos más chicos en el Bachillerato Tecnológico. Ese el motivo
por el que la Universidad de Oviedo celebra cada año el “Día de la Mujer en la Ingeniería” con la intención de que aumente ese 25% de matriculadas en estos
Grados.
Para finalizar, completamos este de círculo marcado
por los estereotipos de género y regresamos al inicio tomando como ejemplo la
actitud de este padre:
En las familias, la igualdad debe ser un mensaje, un
comportamiento y una actitud. Nuestros centros educativos deben dar el paso
definitivo de la escuela mixta a una escuela verdaderamente coeducativa.
Debemos exigir unos medios de comunicación sin desequilibrios de género, y
rechazar toda publicidad que no transmita una imagen digna de las personas,
mujeres y hombres.
Desde mi pequeña parcela, y en colaboración con una
compañera de Inglés, trabajamos en clase el vídeo Like A Girl con estas
actividades que os presentamos. Como hemos visto de una forma muy breve y parcial (podríamos mencionar otros campos empezando por el de la política), los obstáculos para romper con los estereotipos de género son múltiples. Pero, sin duda, merece la pena el esfuerzo con el fin de alcanzar una sociedad más igualitaria, es decir, más justa.

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