Si la en la
unidad anterior hablábamos de los estereotipos, Mary Beard, sin duda, está muy
alejada de ellos pues los ha destrozado todos: catedrática de Cambridge quien,
con más de 60 años, viste de manera informal, no cuida particularmente su
aspecto físico y en su serie Meet de Romans se pasea en bicicleta para mostrarnos, de una forma cercana y sin pedantería, los lugares de la Roma
clásica.
En
Asturias, tuvimos el enorme placer de encontrarnos con ella a raíz de la
entrega de los Premios Princesa, pues participó en numerosos y variados actos:
un encuentro con el alumnado de Secundaria, la visita guiada a la villa romana
de Veranes (Gijón) o al Museo Arqueológico de Asturias. También se reunió en el
parlamento asturiano con nuestra representación política a quienes les
transmitió la importancia del poder democrático y, por tanto, de la
participación de las mujeres en el mismo.
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| Mary Beard con el alumnado de Secundaria en el IES Pérez de Ayala (Oviedo) |
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| Mary Beard en la Villa de Veranes (Gijón) |
La agenda
de Mary Beard fue la más intensa de entre todas las personas premiadas. En
todos esos lugares recibió el cariño y la admiración de un público muy
variopinto, en edad y formación, por la pasión que desprendía en la transmisión
de sus enormes conocimientos del mundo clásico, en los que nunca se olvidó de
mencionar el esencial papel que jugaban las mujeres en la antigua Roma. No
podemos olvidar que por esas fechas su obra SPQR
fue el libro más vendido en toda España.
En la entrega de los premios Princesa de Asturias,
los medios de comunicación regionales comentaron estos hechos que acabamos de
mencionar. Pero también todos ellos mencionaron su vestimenta, su forma de caminar y su
comportamiento a la entrada del teatro Campoamor.
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| Mary Bear entrando en el Teatro Campoamor para recibir el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales |
No se trata
de lo que una mujer diga, sino de que hable, y que hable además con la sabiduría y el entusiasmo de Mary Beard. Mujeres calladas y silenciosas; no escuchadas;
no creídas; desvalorizadas; perseguidas por hablar, dice Victoria Sau en el
volumen II de su Diccionario ideológico
feminista.
En el Diario que
escribió después de la muerte de su marido, Marie Curie escribió el 30 de abril de 1906
nos dirigimos a casa de Foyot. (…)
Entramos, me puse a charlar con la señora Rubens; volví a juntarme contigo en
la mesa. Estábamos en una de las esquinas, con Henri Poincaré entre nosotros.
Le hablé de la necesidad de reemplazar la educación literaria por una educación
más cercana a la naturaleza (…) Luego, algo incómoda de hablar tanto, quise
cederte la palabra, obedeciendo a esa sensación de que lo que tú pudieras decir
sería más interesante que lo que pudiera decir yo misma (en todas las
circunstancias de nuestra vida siempre he tenido esa confianza inquebrantable
en ti, en tu valía).
Esto decía una mujer que fue la primera persona en
recibir dos Premios Nobel, en Física (1903) y en Química (1911).
Cuando se quiere insultar a un chico o a un hombre,
se suele emplear la expresión marica. Según el DLE (Diccionario de la Lengua Española),
en su primera acepción, es un afeminado,
que se parece a las mujeres. Si nos vamos al vocablo afeminado el significado es Dicho
de un hombre. Que en su
persona, modo de hablar, acciones o adornos se parece a las mujeres. Es decir, se insulta al hombre desde los rasgos de la mujer.
Otra
expresión denigrante que se aplica a los hombres es hijo de
puta. Creo que no son necesarios más comentarios.
Los
insultos referidos a mujeres son más amplios empezando por puta y sus sinónimos: zorra,
lagarta, buscona, fulana, furcia…
¿A quiénes
afectan más este tipo de insultos? Pues, a pesar de que las mujeres recibimos
muchos más, más variados y de mayor dureza, creo que un maricón incide sobre un adolescente o un hombre en mayor medida que
la puta que una muchacha puede oír
casi de forma constante, como muy bien refleja este vídeo, en el que además se muestran
las consecuencias que ese insulto, esa palabra común, pueden tener: Querido papá, algún día me llamarán puta.
¿A qué se
debe este hecho? Tenemos tan interiorizado el patriarcado desde antes incluso de
nacer, como muestra el vídeo, que las mujeres asumimos ese calificativo como
algo “normal” en nuestra vida. Sin embargo, para un hombre, es “anormal” que se
comporte, hable o actúe como una mujer. ¡Hasta el diccionario de la Academia
nos lo dice! Pero, en este caso, no nos engañemos, el DLE recoge el sentir social.
Las mujeres
debemos responder a los cánones de belleza femenina impuestos por ese
patriarcado. Y así, aunque un adolescente sufre si le llaman gordo, una adolescente gorda se encuentra fuera del modelo y,
por tanto, obligada a modificar su físico hasta extremos que la puedan llevar a
la enfermedad e incluso la muerte: las unidades psiquiátricas de los hospitales
dedicadas a los trastornos de conducta alimentaria tratan a muchísimas más chicas
que chicos.
No, las
palabras no son inocuas. Como dice Hamlet (y Shakespeare sabía bien de
misoginia) las palabras cortan como un
cuchillo.



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