lunes, 27 de febrero de 2017

MARY BEARD. INSULTOS


Si la en la unidad anterior hablábamos de los estereotipos, Mary Beard, sin duda, está muy alejada de ellos pues los ha destrozado todos: catedrática de Cambridge quien, con más de 60 años, viste de manera informal, no cuida particularmente su aspecto físico y en su serie Meet de Romans se pasea en bicicleta para mostrarnos, de una forma cercana y sin pedantería, los lugares de la Roma clásica.   
En Asturias, tuvimos el enorme placer de encontrarnos con ella a raíz de la entrega de los Premios Princesa, pues participó en numerosos y variados actos: un encuentro con el alumnado de Secundaria, la visita guiada a la villa romana de Veranes (Gijón) o al Museo Arqueológico de Asturias. También se reunió en el parlamento asturiano con nuestra representación política a quienes les transmitió la importancia del poder democrático y, por tanto, de la participación de las mujeres en el mismo. 

Mary Beard con el alumnado de Secundaria en el IES Pérez de Ayala (Oviedo)
Mary Beard en la Villa de Veranes (Gijón)
 
La agenda de Mary Beard fue la más intensa de entre todas las personas premiadas. En todos esos lugares recibió el cariño y la admiración de un público muy variopinto, en edad y formación, por la pasión que desprendía en la transmisión de sus enormes conocimientos del mundo clásico, en los que nunca se olvidó de mencionar el esencial papel que jugaban las mujeres en la antigua Roma. No podemos olvidar que por esas fechas su obra SPQR fue el libro más vendido en toda España.
En la entrega de los premios Princesa de Asturias, los medios de comunicación regionales comentaron estos hechos que acabamos de mencionar. Pero también todos ellos mencionaron su vestimenta, su forma de caminar y su comportamiento a la entrada del teatro Campoamor. 

Mary Bear entrando en el Teatro Campoamor para recibir el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales
No se trata de lo que una mujer diga, sino de que hable, y que hable además con la sabiduría y el entusiasmo de Mary Beard. Mujeres calladas y silenciosas; no escuchadas; no creídas; desvalorizadas; perseguidas por hablar, dice Victoria Sau en el volumen II de su Diccionario ideológico feminista.
En el Diario que escribió después de la muerte de su marido, Marie Curie escribió el 30 de abril de 1906
nos dirigimos a casa de Foyot. (…) Entramos, me puse a charlar con la señora Rubens; volví a juntarme contigo en la mesa. Estábamos en una de las esquinas, con Henri Poincaré entre nosotros. Le hablé de la necesidad de reemplazar la educación literaria por una educación más cercana a la naturaleza (…) Luego, algo incómoda de hablar tanto, quise cederte la palabra, obedeciendo a esa sensación de que lo que tú pudieras decir sería más interesante que lo que pudiera decir yo misma (en todas las circunstancias de nuestra vida siempre he tenido esa confianza inquebrantable en ti, en tu valía).
Esto decía una mujer que fue la primera persona en recibir dos Premios Nobel, en Física (1903) y en Química (1911).

Cuando se quiere insultar a un chico o a un hombre, se suele emplear la expresión marica. Según el DLE (Diccionario de la Lengua Española), en su primera acepción, es un afeminado, que se parece a las mujeres. Si nos vamos al vocablo afeminado el significado es Dicho de un hombre. Que en su persona, modo de hablar, acciones o adornos se parece a las mujeres. Es decir, se insulta al hombre desde los rasgos de la mujer.
Otra expresión denigrante que se aplica a los hombres es hijo de puta. Creo que no son necesarios más comentarios.
Los insultos referidos a mujeres son más amplios empezando por puta y sus sinónimos: zorra, lagarta, buscona, fulana, furcia…
¿A quiénes afectan más este tipo de insultos? Pues, a pesar de que las mujeres recibimos muchos más, más variados y de mayor dureza, creo que un maricón incide sobre un adolescente o un hombre en mayor medida que la puta que una muchacha puede oír casi de forma constante, como muy bien refleja este vídeo, en el que además se muestran las consecuencias que ese insulto, esa palabra común, pueden tener: Querido papá, algún día me llamarán puta.

 
¿A qué se debe este hecho? Tenemos tan interiorizado el patriarcado desde antes incluso de nacer, como muestra el vídeo, que las mujeres asumimos ese calificativo como algo “normal” en nuestra vida. Sin embargo, para un hombre, es “anormal” que se comporte, hable o actúe como una mujer. ¡Hasta el diccionario de la Academia nos lo dice! Pero, en este caso, no nos engañemos, el DLE recoge el sentir social.
Las mujeres debemos responder a los cánones de belleza femenina impuestos por ese patriarcado. Y así, aunque un adolescente sufre si le llaman gordo, una adolescente gorda se encuentra fuera del modelo y, por tanto, obligada a modificar su físico hasta extremos que la puedan llevar a la enfermedad e incluso la muerte: las unidades psiquiátricas de los hospitales dedicadas a los trastornos de conducta alimentaria tratan a muchísimas más chicas que chicos.

No, las palabras no son inocuas. Como dice Hamlet (y Shakespeare sabía bien de misoginia) las palabras cortan como un cuchillo.
 

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