Es ingente el número de aprendizajes
fundamentales que adquirimos en los primeros años de nuestra vida: damos
nuestros primeros pasos, pronunciamos las primeras palabras, nos invaden
multitud de imágenes antes de reconocer las primeras letras… Aprendemos qué es
la vida, a caminar por ella y a comportarnos en ella. Y el juego se convierte
en la herramienta fundamental para asomarnos al mundo y percibirlo.
Ya hemos comentado en otra entrada de este
blog cómo, incluso antes de nacer, el color que se nos asigna (rosa o azul) en
objetos o prendas marca la división sexual entre niñas y niños. Y es
precisamente entre los cinco y siete años, las edades indicadas en el vídeo de esta unidad,
donde esa diferencia se acentúa: para ellas, las muñecas o muñecos que lloran y
reclaman atención; las cocinitas, las pequeñas planchas y aspiradoras… y todo
ello aderezado con el set de maquillaje que, en el caso de los niños, se troca
en la caja de herramientas y juegos de construcción.
Este es el motivo inicial para entender por
qué, diez años después, cuando esas niñas elijan una carrera universitaria, se
decanten por Enfermería, Magisterio o Asistente Social, ámbitos del cuidado y
la atención a las personas. Esta es la razón primera por la que esos niños ya
jóvenes deriven sus expectativas profesionales hacia la Ingeniería o la
Técnica. Y luego nos seguiremos preguntando por qué en estos últimos grados
universitarios el alumnado femenino apenas alcanza el 25%, hasta el punto de
que se organizan jornadas específicas dirigidas expresamente a animar a las
jóvenes que cursan Bachillerato a dar el paso en un ámbito mayoritaria y
tradicionalmente masculino.
Hace unos días, asistí a un coloquio en el
que precisamente se trataba este tema. En él participaba la directora de la
Escuela Politécnica de Mieres (Asturias), cargo que puede llamar a una cierta
confusión, pues ella misma reconoció que de una plantilla de unas cien personas
que integran el profesorado solo había unas cinco mujeres; el tanto por ciento
de alumnas, sin embargo, era mucho mayor pero alcanzando solamente el 25% del
total de personas matriculadas. Las soluciones que aportaba para equilibrar
esos números eran la realización de jornadas específicas ya comentadas y que
fueran las alumnas quienes mostraran la Escuela Politécnica a los grupos de
estudiantes que la visitaban o se acercaran incluso a los propios institutos.
La fotografía igualitaria que se encuentra en su página web es todavía un deseo
pero esperemos que pronto se convierta en una realidad.
Creemos que con este ejemplo hemos mostrado
claramente la importancia del juego en los intereses futuros de niñas y niños. Conocedora
de este hecho, la juguetería Toy Planet lleva ya tres años publicando un
catálogo no sexista. Su director general, Ignacio Gaspar, ha declarado que esta
era “una asignatura pendientes del sector.” Sin embargo, también ha reconocido
que “esperábamos que alguien más se apuntara, pero de momento no lo hemos
visto.” Y ha confesado que el catálogo se ha elaborado con los productos
propios de la cadena ya que “algunos fabricantes todavía se muestran reticentes
a avalar este tipo de fotografías. Todavía cuesta, resulta difícil que alguien
empiece con estos cambios. ¿Quiénes lo hacen? ¿Las familias? ¿Las empresas?”
Creemos que si las familias compradoras exigen juegos que no se presenten bajo
la marca y en las estanterías “para niñas” o “para niños” mucho empezará a
cambiar. Pero si empresas como Toy Planet se adelantan a esos deseos, el camino
de la igualdad se allanará considerablemente.
Por último, os dejamos con Princess
Machine,
magnífico anuncio de la marca americana Goldie Box, y su línea “Juguetes para
futuras ingenieras”, en el que muestra a tres niñas quienes rechazan los juegos
tradicionalmente asignados para ellas y, como alternativa, construyen con ellos
una máquina de Rube Goldberg gigante que recorre toda la casa. De este modo,
muestran de un modo divertido y directo
la importancia de conocer, acercarse y disfrutar con otros modelos de
profesiones.



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