martes, 28 de febrero de 2017

CAMBIOS EN EL LENGUAJE


Afortunadamente son numerosísimos los estudios sobre el uso sexista del lenguaje que se llevan publicando desde hace décadas, por lo que en esta entrada haremos referencia a varios de ellos con el fin de reflejar el interés que parte de la sociedad ha mostrado por este tema y también para argumentar con análisis científicos las falsas polémicas que el mismo despierta. Han sido también considerables los organismos o instituciones que han publicado sus propias guías para un uso inclusivo del lenguaje. Ante este hecho, la RAE reaccionó con el informe titulado Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer (2102) en el que su autor, Ignacio del Bosque, ejemplificaba con algunos fragmentos extraídos de esas guías (eso sí, lo más hiperbólicos y en los que no se empleaban los genéricos como sustitutos del doble género gramatical). Curiosamente criticaba de forma incisiva este uso pero empleaba los términos académicos y académicas para referirse a las personas que integran la institución: 35 hombres y 8 mujeres. Creemos que no está de más recordar sus nombres:  Carmen Iglesias, Margarita Salas, Soledad Puértolas, Inés Fernández-Ordóñez, Carme Riera, Aurora Egido, Clara Janés y Paz Battaner. Dicho esto, también debemos reconocer el esfuerzo, probablemente debido a las presiones recibidas, que está realizando la RAE por incorporar a académicas puesto que las seis últimas que hemos mencionado han ingresado en los últimos siete años.

Las lenguas no son sexistas sino que lo son sus usos, decía Miguel Ángel Arconada Melero en su ponencia El uso del lenguaje en la escuela: el sexismo en el lenguaje y los medios de comunicación (I Jornadas de Coeducación. Suatea. Oviedo. Noviembre 2001). Y añadía que la lengua no solo supone un instrumento de comunicación sino un instrumento de poder y de interpretación de la realidad. Esa misma idea ya la había plasmado el reconocido lingüista Roman Jakobson en su obra Fundamentos del lenguaje (1974): Una categoría como es el género gramatical, que generalmente se considera puramente formal, desempeña un gran papel en las actitudes mitológicas de una comunidad hablante. Por ese motivo, del uso del masculino como género no marcado se deriva una visión androcéntrica del mundo en el que las mujeres no existimos. Así lo señala Mª Ángeles Durán  en su obra Liberación y utopía (Akal. 1982): Las mujeres no hemos entrado dentro de la categoría de lo humano; el genérico masculino invisibiliza, oculta y subordina a las mujeres, a quienes no se nos ha otorgado la suficiente importancia como para ser nombradas. En esta cultura patriarcal, ser mujer es no ser varón.
Sigue siendo habitual leer en libros de texto este tipo de enunciados: El hombre del Neandertal; Un paso pequeño para el hombre, un gran paso para la humanidad. O también resultan cotidianas expresiones como Hombre al agua o El mejor amigo del hombre es el perro. ¿Qué imágenes han acuden a vuestra mente mientras las leemos? Sinceramente, ¿hemos “visto” solo  hombres, o ambos sexos? La fuerza de la lectura solo masculina se manifestó de una forma muy clara en este lema de una manifestación parisina de mujeres que querían recordar quiénes conformamos la mitad de la población: Uno de cada dos hombres es mujer.
Como estamos viendo, el uso del masculino no es perfecto, plantea muchísimos errores y crea problemas de comunicación. Miguel Ángel Arconada, en la ponencia indicada, mostraba ejemplos muy claros: si decimos que “En los años 30 los maestros cobraban 30 pesetas” ¿A quiénes nos estamos refiriendo cuando en los años 30 las maestras cobraban entre 18 y 29 pesetas? O en el enunciado: “Los sumerios eran especialistas en la trepanación” ¿somos conscientes de que en esa cultura eran las mujeres las que tenían una enorme preparación médica?. También es muy gráfica la declaración del periodista de “The New York Times”, John Darton: Gracias a “Harry Potter”, al fin los niños leen. Los niños, ¿eh? Las niñas ya leían. En EEUU el índice de lectura entre las chicas es aceptable, ¡pero entre los chicos es desastroso!
Debemos reconocer los esfuerzos, insistimos en que muy probablemente inducidos por las presiones sociales, que la RAE y el conjunto de Academias de la Lengua Española están realizando para cambiar los significados del Diccionario. Voy a poner un solo ejemplo: el término huérfano,a se definía hace años como aquella persona que había perdido a su padre o a su madre, pero especialmente a su padre. Cuando comenté esta definición en clase, os podéis imaginar la cara, y sobre todo el sentimiento de dolor, de un alumno quien había perdido a su madre. Yo desconocía este hecho ya que, en ese caso, no hubiera realizado la explicación de ese vocablo. No, los significados de las palabras no son inocuos, pueden generar mucho daño. Afortunadamente, el DLE ha cambiado esa definición  por la persona A quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos.
También nos encontramos en el Diccionario con muchos términos referidos a profesiones que, por fin, se han feminizado: médica, jueza, fiscala… De todas formas, cuando Idoia Rodríguez murió en Afganistán en el año 2007, los medios de comunicación se referían a ella como una militar puesto que entonces, y todavía ahora, soldada se define como Sueldo, salario o estipendio, no como una mujer integrada en el ejército. Y el término androide significa autómata de figura de hombre. Podemos preguntarnos ¿tiene sexo un/a autómata? Y también podemos recordar que fue una figura de mujer la que apareció por primera vez como androide en el cine y, en concreto, en la película Metrópolis (1927) de Fritz Lang.


Angela Goddard y Lindsey M. Patterson, en su obra Lenguaje y género (Universidad de Castilla-La Mancha. 2005), señalan que La expresión “madre trabajadora” está dando por supuesto la existencia de una “madre” que no trabaja (cuando, como muy bien sabemos, sus faenas son múltiples y de jornadas mucho más intensas). Por otra parte, la expresión “madre soltera” nos informa de que el ideal de madre es dentro del matrimonio o la pareja. Es muy difícil encontrar el empleo de la expresión padre soltero, y prácticamente imposible localizar un padre trabajador referido a aquel que realiza las labores del hogar.

Esas mismas autoras también indica que las mujeres han puesto nombre a realidades como el “acoso sexual” (antes de que se acuñase esta expresión algunos invertían incluso la realidad con expresiones del tipo “las mujeres provocan”). En esta misma línea, también podríamos decir que el brutal asesinato de Ana Orantes, pocos días después de que ella manifestara este temor hacia su marido en un programa de Canal Sur, se definía como un crimen pasional (el suyo y el de tantísimas mujeres que la precedieron). A partir de entonces, se empezó a hablar de violencia machista o, tomando el término anglosajón, violencia de género. Aún así, todavía hoy en día, los titulares que informan de esos crímenes suelen encabezarse con Un hombre mata… ¿Para cuándo un hombre asesina…? De nuevo la perversión del lenguaje y, con él, el ocultamiento de hechos criminales.


Por ese motivo, como se está comentando en esta unidad, se plantean múltiples alternativas para que nuestro lenguaje y, por lo tanto la realidad que refleja, sea más inclusivo. Algunas personas se muestran reacias al uso del doble genérico pues sí es cierto que, utilizado de forma continua, genera cansancio y diluye el contenido. Pero se pueden utilizar los sustantivos genéricos: alumnado, profesorado, ciudadanía, personas… O expresiones como el pueblo español o el vecindario… ¿Por qué el que firma y no quien firma? ¿Por qué los centros educativos siguen realizando reuniones con los padres y no con las familias, cuando además, en ocasiones, es la abuela quien la sostiene y cuida? La riqueza lingüística es enorme y variada ¿por qué limitarla, empobrecerla y, de ese modo, ocultar a la mitad de la humanidad?

A todas aquellas personas que todavía se empeñan en el uso de una palabra en su género masculino por considerarlo inclusivo debemos recordarles, como hace Pilar Careaga en su obra El libro del buen hablar: Una apuesta por un lenguaje no sexista (Fundación Mujeres. 2002) las múltiples normativas que legislan el uso de un lenguaje no sexista:
- en 1987, el Consejo de Ministros revisó los textos reglamentarios;
- en 1990, la UNESCO, editó sus Recomendaciones sobre un uso no sexista del lenguaje; en ese mismo año, el Comité de Ministros del Consejo de Europa Convencido de que el sexismo que se refleja en el lenguaje utilizado en la mayor parte de los Estados miembros del Consejo de Europa –que hace predominar lo masculino sobre lo femenino- constituye un estorbo al proceso de instauración de la igualdad entre mujeres y hombres, porque oculta la existencia de las mujeres, que son la mitad de la humanidad, y niega la igualdad entre hombre y mujer.
Adviertiendo, además, que el empleo del género masculino para designar a las personas de ambos sexos provoca, en el contexto de la sociedad actual, incertidumbre respecto a las personas, hombres o mujeres, de que se habla; emitió una serie de recomendaciones;
- en 1994, el añorado Instituto de la Mujer creó la comisión NOMBRA (No Omitas Mujeres Busca Representaciones Adecuadas), mencionada en este curso.
- al año siguiente, el BOE publicó la denominación no sexista de los títulos académicos porque, sin ir más lejos, en el mío se lee la palabra Licenciado.
Y así, hasta seguir hoy en día.  



En la ya mencionada Liberación y utopía, Mª Ángeles Durán nos recuerda que No sólo es cuestión del habla individual (idiolecto), la estructura condiciona; por eso hay que buscar soluciones plausibles que no rompan la estructura del idioma ni mantengan los estereotipos. Nos quedamos con la penúltima de sus referencias y creemos, como lingüistas, que no debemos alterar la estructura del idioma puesto que, como hemos demostrado, hay múltiples alternativas. Es este el motivo por el que no estamos de acuerdo con el uso de la arroba, un signo que en nuestra lengua se refiere a un tipo de medida pero que no existe dentro del alfabeto, o de la x, que se está empleando para referirnos a mujeres, hombres y personas transgénero. Además, tendremos que reconocer que solo tendría validez en su uso escrito puesto que oralmente deberíamos usar un genérico, el doble género o, lo dicho, personas transgénero. La variedad de alternativas que la lengua española nos ofrece es amplia y en ellas pueden quedar recogidas, como hemos demostrado en la escritura de este trabajo, todas las personas.



 


 

 

 


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