miércoles, 1 de marzo de 2017

SUFRAGISTAS


Desde que se estrenó en 2015, Sufragistas se ha convertido en una película de referencia puesto que, en poco menos de dos horas, vemos sintetizada en la pantalla la historia de este movimiento de mujeres que defendieron el voto femenino en Inglaterra.
La protagonista es Maud (Carey Mulligan), una mujer joven que trabaja en una lavandería y, cuando llega a su casa, entrega el sueldo íntegro a su marido, a quien también atiende así como a su hijo.
Un día, mientras realizaba una entrega de ropa, ve en Oxford Street a varias mujeres que empiezan a romper escaparates mientras reclaman a gritos el voto para la mujer.
Poco tiempo después, a la salida de la fábrica, una sufragista burguesa solicita voluntarias obreras para testificar ante el Parlamento sobre su trabajo y su vida con el fin de conseguir ese derecho al voto. Maud decide acompañar a Violet (Anne-Marie Duff), una compañera, después de ver cómo el patrón estaba violando, con total impunidad, a la hija de esta (ella misma había sufrido esos abusos desde bien niña). Cuando llega el momento de presentar su testimonio, Violet aparece con la cara marcada debido a la paliza que le había dado su marido. Es entonces cuando Maud acaba hablando en la comisión del Parlamento y, a través de sus palabras, conocemos las condiciones laborales de las mujeres en la Inglaterra de 1912: había nacido en la lavandería y, para seguir trabajando, su madre la llevaba a la espalda hasta que, cuando tenía 18 años, una tina llena de agua caliente volcó y la desolló. Maud empezó a trabajar en la lavandería a los 7 años, a media jornada, que se convirtió en completa a los 12 años. Ella y sus compañeras sufren de: dolores musculares, por los pesos que deben cargar; úlceras, debido a la humedad; quemaduras; o envenenamiento a causa de los gases que respiran. Las trabajadoras ganan 13 chelines y realizan su labor encerradas en la nave de la fábrica. Los trabajadores ganan 19 chelines, trabajan un tercio de jornada menos que ellas y realizan su labor al aire libre.


A pesar de las esperanzas que los propios políticos les habían dado, al final no aprueban el voto femenino y la concentración pacífica de sufragistas que se había reunido a las puertas del Parlamento sufre la violencia policial y son encarceladas. La burguesa queda en libertad porque su marido paga la fianza aunque no la del resto de mujeres; aunque el dinero es de ella y le ruega que también financie la salida de sus compañeras, él se niega y permanecerán en la cárcel porque solo él puede administrar ese dinero.


Durante la semana que permanecen en prisión, observamos cómo las sufragistas se declaraban presas políticas y, por lo tanto, exigían vestir su propia ropa y no la que les daban en la cárcel.
Pocas semanas después, Maud asiste a un mitin clandestino de la lideresa sufragista Emmeline Pankhurst (Meryl Streep), en el que llama a sus seguidoras a pasar de la lucha pacífica a acciones de protesta en las que ninguna persona resulte herida porque no queríamos quebrantar las leyes sino redactarlas, prefiero ser una maleante que una esclava.
Volverán a ser detenidas pero, en esta ocasión, el jefe de policía decide que no las meterá en la cárcel, que sus maridos se ocupen de ellas, mostrando claramente la extensión de ese poder patriarcal: desde el ámbito público al privado, es todo uno. No se equivocaba: cuando llega a casa, el marido le reprocha el hecho de no ocuparse ni de él ni de su hijo y le exige un cambio en su comportamiento. A pesar de su juventud, Maud se muestra como una mujer fuerte y madura y le contesta: no soy solo madre y esposa. Entonces su marido la echa de casa y, algo infinitamente más doloroso para nuestra protagonista, le prohíbe ver a su hijo porque la ley dice que es exclusivamente del padre y será él quien decida, más adelante, darlo en adopción. Yo no soy ni más ni menos que usted, le escribe al policía que la vigila, y si la ley dice que no puedo ver a mi hijo, lucharé por cambiar esa ley.
Su foto ha salido publicada en los periódicos, por eso, cuando llega a la fábrica, su patrón la despedirá diciéndole que a nadie le importa porque ella no es nada.
Siguiendo las consignas de Emmeline Pankhurst, las sufragistas empiezan a boicotear las comunicaciones con la destrucción de buzones de correos o cables de telégrafos. Pero su lucha sigue sin ser recogida por los periódicos y deciden ir más allá con la explosión de la casa de verano, en construcción, de un ministro. En ese momento, la película refleja también la división que se produce dentro del movimiento sufragista puesto que Silvia Pankhurst se muestra contraria a las decisiones de su madre.
Maud y sus compañeras son de nuevo encarceladas y deciden ponerse en huelga de hambre. El gobierno promulgará la alimentación forzosa con las consecuencias físicas que de ello se derivan.
Al salir de prisión, deciden un golpe de efecto total y Maud, junto con Emily Wilding Davison (Natalie Press), se dirige al derbi en el que correrá el caballo del rey con la idea inicial de colocar una tela reclamando el voto femenino sobre los lomos del animal. Al ver frustrado su propósito, Emily se lanzará sobre él en medio de la carrera. Será la primera, y única, víctima de un movimiento pacífico como es el sufragista; muerte producida en sus propias filas.
El funeral de Emily Wilding Davison se convertirá en una enorme manifestación de duelo y de reivindicación, y fortalecerá un movimiento que se convertirá en imparable.
En los títulos finales de la película se nos informa de que, después de mil mujeres encarceladas, el Parlamento inglés aprobó el voto femenino en 1918… pero solo a las mujeres mayores de 30 años, y en determinados casos. No sería hasta 1928 cuando todas las mujeres inglesas pudieron votar. El film se cierra con el listado de los años en que, en distintos países, se aprobó el sufragio femenino.

Habitualmente se considera que el movimiento sufragista inglés estuvo integrado por mujeres ricas y burguesas. La escena de la ropa tendida atravesando la calle en la que vive Maud, cerca de la fábrica, salpica toda la película y refleja de un modo muy claro cómo esta primera ola del Feminismo también fue protagonizada por mujeres obreras, quienes vivían en condiciones penosas.


Sufragistas es un recordatorio de esa lucha inicial y un hermoso homenaje a esas fuertes mujeres que abrieron el camino de todo el movimiento feminista posterior. Frente a los insultos, la cárcel, la tortura, el aislamiento, la aún mayor marginación social, y realizando enormes sacrificios personales, consiguieron abrir el camino que hoy en día muchas mujeres en todo el mundo estamos transitando y del que disfrutamos. Frente a una cierta amnesia social actual, no podemos olvidar este hito histórico.
De todas formas, resulta penoso observar cómo, un siglo después, algunos de los temas que trata la película todavía seguimos sufriéndolos las mujeres en España: el acoso sexual, la violencia de género, los arbitrarios despedidos laborales o los testimonios infravalorados. Ese sentimiento de pesar se agudiza aún más sabiendo que en otras partes del mundo, esta película sigue reflejando la realidad de muchísimas mujeres en el s. XXI.

Por último, debemos señalar también un hecho poco común: la película está dirigida por una mujer (Sarah Gavron) sobre el guion de otra mujer, Abi Morgan.

Sin duda, imprescindible.





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