martes, 7 de marzo de 2017

PARA QUE SE ABRAN... LAS PUERTAS


Mi análisis se centrará en el vídeo Para que se abran… las puertas, anuncio creado para una empresa dedicada a la reparación y mantenimiento de puertas de garaje, un producto que, en principio, pueden adquirir tanto hombres como mujeres. Sin embargo, la empresa anunciante prefiere renunciar a ese púbico general para centrar su target, su destinatario ideal, exclusivamente en los varones.
En principio, se presenta una historia simple: el chico está echado en el sofá, viendo la televisión (por el sonido ambiente deducimos que probablemente un programa de deportes), y literalmente rascándose la barriga y tocándose las narices. La suma de estereotipos sobre la masculinidad no ha hecho más que empezar.
De repente, suena el móvil. Él mira el número y su actitud cambia: se incorpora y sonríe. El siguiente plano se inicia con la cámara desenfocada, que rápidamente se regula y en un movimiento de zoom se acerca a la chica, quien acostada boca abajo en la cama, y en ropa interior, le dice al chico: Tienes cinco minutos. Él en el sofa, ella sobre la cama.
A partir de ese momento, se establece una especie de narración dialogada entre los dos protagonista de la historia puesto que se alternan planos de uno y otra. Se incluye música de fondo para subrayar tanto la figura masculina como la femenina: viva y dinámica, en el caso de él; lenta e insinuante, en el caso de ella.
El chico se incorpora rápidamente del sofá y se dirige a la habitación, abre el armario, saca una camisa y se la coloca por encima. Mientras tanto, ella se está probando su ropa interior frente al espejo, pero de espaldas a la cámara, en un plano ligeramente contrapicado y americano corto puesto que se inicia, ¡mira qué casualidad!, justo en sus nalgas.
En el siguiente plano a él lo vemos también de espaldas y en calzoncillos puesto que intenta ponerse unos pantalones y su torpeza, producida por la rapidez, le lleva a caerse sobre la cama. Pasa a un rápido plano detalle del tirante del sujetador de ella.
Y vuelve a él, quien ya ha acabado de vestirse, se mira en el espejo, se acicala las cejas y se lanza a sí mismo un beso. Ella sigue frente al espejo del baño, ahora en un plano medio para que, de ese modo, veamos mucho mejor cómo se frota las tetas y se mira su trasero.
El diálogo entre la pareja protagonista concluye ahí. Él sale de la habitación, baja rápidamente las escaleras y llega deslizándose al garaje. No entra sino que prácticamente se abalanza sobre el coche; por cierto, su imagen de joven y gañán se corresponde muy poco con ese modelo de automóvil que adjudicaríamos a un hombre mucho mayor. ¿Se pretende, de ese modo, llegar a la totalidad del público masculino sin importar la edad?
Arranca el motor y se frena. Y ahí entra el tercer personaje de la historia: la puerta del garaje no abre. A partir de ese momento, si los estereotipos sobre este joven se habían ido acumulando, se acrecientan todavía más: realiza todos los gestos y movimientos (ridículamente) posibles con el mando a distancia para intentar abrir la puerta; se desespera, la golpea, la amenaza (¡a una puerta de garaje!) y, en el colmo de la hipérbole y el paroxismo, se coloca un casco y unas hombreras de rugby y arremete contra ella de modo insistente.
Es en ese momento cuando aparece el eslogan dividido en dos partes: Para que se abran… las puertas. Esos puntos suspensivos encierran una enorme y buscada ambigüedad porque, ¡mira tú por dónde!, puertas es una palabra, en forma y sonido, muy parecida a… piernas. Creo que, en el fondo, se buscaba esa imagen en el espectador masculino a quien claramente va dirigido este anuncio.
Después de que aparezca el nombre del anunciante y su lema, evidentemente la puerta se abre… y, con ella (intuimos el final de la historia), las piernas de esa chica sensual, quien se quiere tan a sí misma que constantemente se mira al espejo y en él se insinúa, preparándose para ese chico vago, deportista, torpe y un poquito desastre. Ese chico normalito y corrientito quien, en cuanto se abran las puertas, recibirá su “recompensa”.



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